Según un estudio internacional en el que participa la investigadora del CIM Paula DIz. El estudio contribuye a mejorar el conocimiento de los mecanismos que regulan el clima del planeta
El Centro de Investigación Marina (CIM) de la Universidad de Vigo participa en un estudio internacional liderado por la Universidad de Berna, en Suiza, que aporta importantes novedades sobre la evolución del clima terrestre y el papel del océano Atlántico en la intensificación de las edades de hielo. El trabajo, publicado el pasado viernes en la revista Nature Communications y en el que participó la investigadora del grupo Oceanografía Geológica y Biogeoquímica del CIM, Paula Diz, demuestra que hace aproximadamente un millón de años el debilitamiento de las corrientes profundas del Atlántico Norte fue un factor determinante en la transición hacia ciclos glaciares más largos e intensos.
Estos resultados contribuyen a comprender mejor los mecanismos que regulan el clima del planeta y ofrecen pistas relevantes sobre su evolución futura.
El océano como archivo del clima
El equipo investigador, liderado por Iván Hernández-Almeida, de la red global de investigación Past Global Changes con sede en la Universidad de Berna, analizó sedimentos marinos extraídos del Atlántico Norte, al sur de Islandia, que actúan como un archivo natural del clima de más de un millón de años. En estos sedimentos se conservan microfósiles y señales geoquímicas que permiten reconstruir condiciones pasadas como la temperatura o el contenido de oxígeno en el océano.
A través de mediciones geoquímicas de elementos sensibles al oxígeno, como el manganeso y el fósforo, junto con el análisis de microorganismos fósiles del fondo marino —los foraminíferos bentónicos, objeto de estudio de Paula Diz—, el equipo investigador fue capaz de reconstruir la evolución del suministro de oxígeno en las profundidades del Atlántico Norte entre hace 1,1 millones y 800.000 años.
Menos corrientes, más frío global
Los resultados indican que la aportación masiva de agua dulce procedente del deshielo de los glaciares debilitó la circulación oceánica profunda. Este proceso redujo el transporte de oxígeno hacia el fondo marino y favoreció la acumulación de carbono en las profundidades. Además de la falta de oxígeno, que tuvo graves consecuencias para los ecosistemas marinos profundos, este debilitamiento favoreció la acumulación de carbono disuelto procedente de la descomposición microbiana de organismos muertos.
Como consecuencia, disminuyó la cantidad de CO₂ que podía liberarse a la atmósfera, lo que contribuyó al enfriamiento global y a la expansión de las capas de hielo. El estudio cierra así una importante laguna en el conocimiento, ya que investigaciones previas se centraban principalmente en el Océano Austral. Los nuevos datos muestran que la circulación profunda y las condiciones de oxígeno también cambiaron de manera significativa en el Atlántico Norte, lo que indica que ambas regiones polares contribuyeron simultáneamente a la transformación de los ciclos glaciares.
Señal de alerta sobre futuros cambios en el Atlántico
Más allá de su relevancia para entender el pasado, esta investigación lanza una señal de alerta sobre el futuro. Los modelos climáticos actuales prevén una posible debilitación de las corrientes del Atlántico debido al calentamiento global y al aumento del deshielo en Groenlandia.
El estudio muestra que, incluso en fases mucho más frías de la Tierra, cambios en la aportación de agua dulce fueron suficientes para alterar el transporte de agua hacia las profundidades del Atlántico Norte, con impactos devastadores e irreversibles para el clima y la biodiversidad. Se trata de una importante señal de alerta sobre la sensibilidad de este sistema, que también podría reaccionar de forma significativa en la actualidad.
En una siguiente fase, el equipo investigador pretende analizar cómo cambiaron la circulación profunda y el contenido de oxígeno del Atlántico Norte en otros periodos cálidos y fríos de la historia de la Tierra, con el objetivo de comprender mejor cuándo se producen estos cambios de equilibrio.
En este contexto, los resultados ponen de manifiesto la gran sensibilidad del sistema oceánico y su capacidad para desencadenar cambios climáticos significativos, con impactos potencialmente irreversibles sobre el clima y la biodiversidad marina.
El CIM cuenta con el reconocimiento CIGUS de la Xunta de Galicia, que acredita la calidad e impacto de su investigación, y su actividad está cofinanciada por la Unión Europea a través del Programa FEDER 21-27.
Fuente: DUVI

