Reflexiones del director del Centro de Investigación Marina CIM-UVigo y del Campus do Mar
El 8 de junio celebraremos el Día Mundial de los Océanos. Cada vez somos más conscientes de la importancia y el potencial económico de los océanos y de toda la industria marítima, actualmente englobada bajo el impulso de la llamada economía azul. El Día Mundial de los Océanos de este año promueve el movimiento global 30 x 30, que insta a los líderes mundiales a proteger al menos el 30 % de nuestros océanos mediante una red de áreas altamente protegidas, en busca de un modelo de protección que garantice el delicado equilibrio de los ecosistemas marinos. Actualmente, y según datos del Centro Mundial de Monitoreo de la Conservación (GCMC) del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), solo el 1,6 % de los océanos estaban legalmente protegidos en 2010.
Los océanos cubren más del 70% de la superficie terrestre. La idea de que su inmenso volumen constituye una extensión de agua ilimitada e indomable está profundamente arraigada en la conciencia colectiva. Incluso oceanógrafos y científicos marinos conciben el océano como un volumen infinitamente vigoroso y brutal, regido únicamente por las leyes fundamentales del universo, tecnológicamente inalcanzable, la última frontera de nuestro planeta. Inaccesible a escala humana.
Impulsar la economía azul
Pero é esta percepción fundamentada? Segundo a Comisión Europea, a economía azul da UE representa 5.4 millóns de empregos e un valor agregado bruto de pouco menos de 500 mil millóns de euros anuais. Os principais sectores de actividade son, tanto industrias tradicionais como o transporte de mercancías por vía marítima (o 90% do comercio intercontinental), as pesqueiras (1% do total do PIB na UE) e a explotación de gas e petróleo (sobre o 50% é extraído offshore); como novas áreas económicas cun rápido crecemento, como a acuicultura (20% da produción pesqueira na UE con unha taxa de crecemento do 7% anual, fronte ao estancamento das pesqueiras), o turismo marítimo e costeiro (a actividade sectorial marítima máis importante da UE achegando 182 millóns de euros de valor agregado bruto e representado un térzo de toda a economía azul), ou os aínda incipientes campos da biotecnoloxía, a enerxía oceánica e a minaría mariña.
La importancia de toda esta actividad económica propició la adopción de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar en 1982. Esta normativa, firmada inicialmente por 160 naciones soberanas, regula el uso y el establecimiento de mecanismos para la adquisición de la propiedad y la garantía jurídica que permiten el desarrollo económico de los recursos en alta mar. Este singular acontecimiento dará inicio al plan de colonización y expansión territorial más importante y pacífico de la historia de la humanidad. Bajo su amparo, España presentó en 2009 tres propuestas para la extensión de la plataforma continental más allá de las 200 millas y hasta un máximo de 350 en el Mar Cantábrico, Galicia y las Islas Canarias. Esto supondría un aumento de casi el 85% de la superficie de nuestro territorio en los fondos marinos adyacentes a la costa. España tendría derechos sobre los recursos naturales del lecho marino de la zona extendida. ¿Cómo podemos conciliar la economía azul, depositaria de grandes esperanzas y prosperidad en la capacidad del mar para el desarrollo económico y social, con la necesidad de proteger los ecosistemas oceánicos más sensibles, que al mismo tiempo son la fuente de una parte significativa de su riqueza?
«Galicia posee el potencial científico necesario para impulsar las ciencias y tecnologías marinas».
Más investigación y mayor coordinación entre administraciones. Galicia posee el potencial científico necesario para impulsar la investigación, la docencia y la transferencia de conocimientos de excelencia en ciencias y tecnologías marinas. Asimismo, es capaz de proporcionar a la industria las herramientas que mejoren su competitividad a escala global, investigando, identificando e inventariando los elementos que requieren medidas de conservación específicas y que pueden declararse de interés comunitario dentro de la notable diversidad geomorfológica, oceanográfica y biogeográfica de nuestra costa.
En este sentido, el Pacto Verde Europeo presentado el 20 de mayo por la Comisión Europea destaca dos acciones principales: la Estrategia de Biodiversidad de la UE, bajo el lema «reintegrar la naturaleza en nuestras vidas», y un programa estrechamente alineado con la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, la estrategia «De la Granja a la Mesa» (F2F), cuyo objetivo es crear el sistema alimentario más saludable y sostenible de la UE. Estas acciones materializan un deseo incipiente de reconstrucción europea anterior al Brexit y a la crisis del coronavirus, y ofrecen la oportunidad de abordar algunos de los problemas que afectan a la biosfera y a la crisis climática. Habrá cada vez más problemas importantes.
Es hora de materializar en la ETEA el espacio que albergue toda esta capacidad y favorezca las sinergias entre universidades, institutos tecnológicos y los centros regionales del CSIC y el IEO, actualmente agrupados mayoritariamente en el Campus do Mar. ¿A qué esperamos para desarrollar un gran centro de referencia internacional en este territorio vinculado económica y socialmente al mar?
Fuente: DUVI