El 71% de la superficie terrestre corresponde a los océanos y solo el 5% del total ha sido estudiado por completo. Estas cifras nos ayudan a comprender cuánto del planeta sigue siendo un gran misterio, y entre las zonas menos analizadas se encuentran las aguas profundas. David Barros (Grupo de Análisis de Cuencas Sedimentarias, CIM-UVigo) centró su tesis doctoral en ellas, destacando la gran diferencia entre las aguas superficiales, hasta los 500 metros, donde se desarrollan la mayoría de las actividades humanas como la pesca, el transporte o las actividades recreativas, y las extensas profundidades oceánicas. Es debido a esta «brecha de conocimiento» y a la enorme cantidad de espacio desconocido en el planeta que el investigador optó por estudiar la biodiversidad de los organismos en los ecosistemas de aguas profundas. Explica que se describen entre 100 y 150 nuevas especies marinas por año, por lo que se necesitarían 50 años para obtener una idea real de la biodiversidad de los peces marinos en los océanos. Pero en un contexto de cambio climático, sobreexplotación de recursos y extinción masiva de especies, Barros considera «más necesario que nunca» ampliar el conocimiento sobre las especies que habitan los océanos y sus características biológicas.
Su tesis se centró en verificar la eficacia de las técnicas basadas en el uso del ADN como código de barras (codificación de ADN) para identificar y distinguir especies según su grado de similitud. Explica que esta herramienta se utiliza ampliamente en especies de importancia comercial para la delimitación de poblaciones pesqueras, pero que apenas se ha aplicado a especies de aguas profundas. Un segundo enfoque de análisis fue el uso de técnicas moleculares con datos morfológicos para resolver incertidumbres en especies ya conocidas de peces de aguas profundas y, en tercer lugar, también estudió los procesos evolutivos que tienen lugar en algunas de estas especies.
Tres grupos de especies estudiadas
En su tesis, David Barros se centró en tres grupos de especies para aplicar técnicas moleculares y de código de barras. El primero de ellos es Lepidion lepidion, del que se creía que existían dos especies: una endémica del Mediterráneo (Lepidion lepidion) y otra del Atlántico (Lepidion eques). Mediante el análisis de ADN, confirmó que se trata de una sola especie, pero también pudo estudiar la conectividad genética en su área de distribución. Los resultados muestran la existencia de diferentes procesos de contracción y expansión de sus poblaciones a lo largo de miles de años, lo que representa un ejemplo de cómo las especies de aguas profundas también se ven afectadas por las variaciones que ocurren con el tiempo.
Otra de las especies estudiadas fue el género Gaidropsarus, un grupo con ocho especies reconocidas en el Atlántico Norte y el Mediterráneo. El investigador explica que “el uso de datos morfológicos combinados con ADN mostró tres posibles sinonimias (es decir, cuando dos especies son en realidad una)” y, por lo tanto, el número de especies conocidas de este género se reduciría a cinco. Barros considera que el caso entre G. mediterraneus y G. guttatus es “especialmente interesante”, “dado que este último se considera endémico de Macaronesia”, es decir, los archipiélagos de Cabo Verde, las Islas Salvajes, las Azores, Madeira y las Islas Canarias. Según los resultados obtenidos en su investigación, “se trataría de una población quizás en proceso de especiación en esta área, por lo que podría estar sujeta a protección especial”. Cuatro individuos del género Gaidropsarus de expediciones oceanográficas en aguas profundas también fueron analizados y los resultados obtenidos mostraron que “no pertenecían a ninguna de las especies conocidas”, por lo que podrían ser nuevas especies para la ciencia. De hecho, los análisis continúan, pero investigadores portugueses ya han descrito al menos una nueva especie, a la que han denominado Gaidropsarus mauli.
Finalmente, el tercer grupo estudiado en la tesis de David Barros es el orden Notacanthiformes, un grupo de peces primitivos emparentados con las anguilas que habitan los fondos marinos de la deriva continental en todo el mundo. El investigador realizó el primer análisis evolutivo completo a nivel de género para los notacanthiformes utilizando ADN, morfología externa e interna (huesos), y los resultados confirmaron la hipótesis previa planteada por investigadores japoneses de que la especie Lipogenys gilli pertenece a la subfamilia Lipogenyinae dentro de la familia Notacanthidae. El estudio también permitió estimar el origen del orden Notacanthiformes durante el Cretácico (hace entre 145 y 65 millones de años) y la diversificación del grupo tras la quinta extinción masiva, «la que terminó con los dinosaurios», que coincide aproximadamente con «un evento general de diversificación de peces que tuvo lugar después de esta extinción».
Resultados que demuestran el gran desconocimiento de las profundidades oceánicas.
Para Barros, el conjunto de datos obtenidos demuestra «el grado de desconocimiento que existe sobre las especies de peces que habitan las profundidades oceánicas». Pero su tesis también sirvió para resolver varios problemas sobre la existencia o no de algunas especies y para plantear nuevas preguntas «que requerirán futuras investigaciones». El científico señala que «los estudios evolutivos y poblacionales muestran que los ecosistemas de aguas profundas y las especies que los habitan están sujetos a las mismas fuerzas y presiones que las que habitan la superficie», lo que demuestra su sensibilidad al cambio, algo que, según Barros, es de gran importancia ante desafíos como el calentamiento global.
El Grupo de Análisis de Cuencas Sedimentarias CIM-UVigo cuenta con el apoyo de la Xunta de Galicia y la Unión Europea, a través de su cofinanciación en el marco del Programa Operativo FEDER/FSE Galicia 2014-2020.
Fuente: DUVI