El establecimiento del principio jurídico de igualdad entre mujeres y hombres fue uno de los grandes hitos sociales del siglo XX, y la plena realización de este derecho universal debe considerarse uno de los logros colectivos que hoy vemos culminados. Los avances en este camino hacia la igualdad efectiva fueron fruto del esfuerzo de numerosos actores sociales, especialmente de las universidades. Nuestro papel es fundamental en la transmisión de valores para construir una sociedad cada vez más tolerante, justa e igualitaria. Pero aún no se ha alcanzado la meta. Y es hora de afrontar la recta final.
Las universidades son un reflejo de nuestra sociedad y observamos con satisfacción cómo se ha logrado el equilibrio entre mujeres y hombres en sus aulas, en sus claustros o en los expedientes académicos más brillantes. Sin embargo, también observamos con preocupación cómo persiste ese techo de cristal que dificulta el acceso a puestos de máxima responsabilidad, cómo las carreras científicas o académicas se ven lastradas por las cargas que las mujeres asumen mayoritariamente en el ámbito familiar, o cómo no logramos atraerlas a carreras tecnológicas. Tampoco hemos conseguido erradicar la violencia sexista, el acoso sexual y el acoso por motivos de género de nuestras comunidades universitarias.
Todas estas desigualdades no solo son injustas e intolerables, muchas incluso ilegales, sino que también nos hacen perder mucho talento. Sin la plena participación de las mujeres en todos los ámbitos, perdemos una visión insustituible de la ciencia y privamos a la sociedad de nuevos enfoques que nos conducirían a valores más sostenibles y eficientes.
Crue Universidades Españolas trabaja diariamente desde las Unidades de Igualdad de sus universidades para promover la igualdad dentro y fuera de nuestras comunidades y, además, contamos con una larga trayectoria en estudios de género universitarios, con magníficos equipos de investigación. Gracias a este esfuerzo conjunto, disponemos de legislación y políticas públicas innovadoras en materia de igualdad que contribuyen a construir una sociedad mejor y más justa.
Pero toda acción tiene una reacción. El estudio de las desigualdades de género ha proporcionado un corpus teórico riguroso y científicamente validado, que no merece ser cuestionado con argumentos exclusivamente ideológicos, como ha ocurrido en los últimos meses. Las universidades deseamos expresar nuestra preocupación por los debates que ponen en tela de juicio la existencia misma de las políticas de igualdad y la lucha contra la violencia de género, bajo el argumento erróneo de que discriminan a los hombres. Por ello, solicitamos a los partidos políticos que traten las políticas de igualdad con rigor y responsabilidad, y que permitan que la literatura académica especializada y el conocimiento experto en género ilustren estos debates.
Fuente: Duvi