Un nuevo estudio realizado por un equipo internacional, en el que participó el grupo de investigación Geoma, Geología Marina y Ambiental del Centro de Investigación Marina de la Universidad de Vigo (CIM-UVIGO), analizó la composición química de los sedimentos oceánicos para revelar cambios generalizados en la circulación del océano Atlántico relacionados con cambios climáticos de alta frecuencia durante los últimos 25 000 años. Los resultados obtenidos, publicados en la revista Nature Communications, aportan nuevos conocimientos sobre la interacción entre el deshielo, la circulación oceánica y el cambio climático, lo que tiene numerosas implicaciones potenciales para futuros escenarios de cambio en los sistemas terrestres asociados al calentamiento global.
“Estos descubrimientos demuestran el importante papel que desempeñan los procesos de fusión del hielo en la disminución de la intensidad de la circulación termohalina, y este fenómeno reviste especial relevancia para el futuro debido a la aceleración que experimentan actualmente los procesos de fusión del hielo en las altas latitudes”, explica el investigador Kais Jacob Mohamed Falcón, uno de los miembros del equipo de investigación que firma el artículo, liderado por el investigador de la Universidad de Bristol Hong Chin Ng. “En este sentido, los resultados presentados en este artículo pueden utilizarse para analizar y verificar la respuesta de los modelos climáticos a los cambios en la contribución de las aguas provenientes de la fusión del hielo y la circulación oceánica durante estos rápidos cambios climáticos”, subraya el investigador, miembro de Geoma.
Cambios climáticos rápidos y de gran alcance
El artículo aporta nuevas pruebas de que, tras la última glaciación, que finalizó hace unos 20.000 años, se produjeron cambios rápidos y a gran escala en el clima, el contenido de dióxido de carbono atmosférico y el volumen global de hielo continental. «Una de las hipótesis que explican estos cambios considera que las alteraciones en la circulación del océano Atlántico desempeñaron un papel importante como motor de estos cambios; sin embargo, hasta ahora ha sido difícil encontrar pruebas directas de este mecanismo», explica el investigador, añadiendo que en este estudio analizaron elementos radiactivos en sedimentos oceánicos para obtener una reconstrucción más precisa de la intensidad de la circulación atlántica en el pasado y su relación con los cambios en el volumen de hielo continental y los cambios climáticos durante la última desglaciación.
49 días a bordo del buque oceanográfico James Cook
Para llegar a estas conclusiones, Kais Jacob Mohamed Falcón y el resto de los investigadores participantes se embarcaron durante 49 días —entre el 13 de octubre y el 30 de noviembre de 2013— a bordo del buque oceanográfico James Cook, perteneciente al Consejo Nacional de Investigación Ambiental del Reino Unido. La expedición partió de Tenerife hacia las aguas cercanas a Sierra Leona, para luego cruzar el Atlántico hasta Trinidad y Tobago.
Durante este viaje, obtuvieron testigos de sedimentos marinos que posteriormente analizaron. «Las muestras se analizaron en la Universidad de Bristol, aunque gran parte de estas técnicas ya están disponibles en nuestra universidad», explica Mohamed Falcón, al tiempo que subraya que esto ya le ha permitido desarrollar estudios similares sobre sedimentos de la Cuenca Interior de Galicia, una depresión submarina de más de 3.000 metros de profundidad que se extiende de norte a sur a unos 100 kilómetros de la costa gallega.
Estudios sobre el margen atlántico ibérico
Los datos obtenidos se analizaron junto con los ya existentes en la literatura científica sobre el tema, que cumplían con estrictos criterios de calidad, tanto para latitudes bajas como para latitudes medias y subpolares. De esta manera, se pudo verificar un comportamiento coherente de la circulación termohalina en el Atlántico, caracterizada por diferentes estados en las cuencas occidental y oriental. Para latitudes inferiores a 40º N, se observó una circulación más vigorosa durante el último máximo glacial en comparación con la actual a profundidades de 2,5 a 3,5 km.
«Hemos constatado que, durante la Etapa 1 de Heinrich, el evento más frío desde el último máximo glacial, la circulación oceánica sufrió una ralentización en dos fases asociadas a dos episodios de deshielo, uno procedente de Eurasia y el otro originado en Norteamérica», subraya el investigador, al tiempo que explica que estos hallazgos coinciden con otros estudios realizados por el grupo Geoma en el margen atlántico ibérico, utilizando propiedades magnéticas y sedimentológicas, así como isótopos de estroncio y neodimio.