La criopreservación podría ser una revolución para la acuicultura.

La criopreservación es hoy una de las técnicas más aceptadas y prometedoras para el mantenimiento a largo plazo de material biológico a temperaturas muy bajas, ofreciendo la posibilidad de descongelarlo y hacer que sobreviva a los procesos de congelación y descongelación. La aplicación de estas técnicas para preservar organismos podría tener límites insospechados, especialmente en el futuro, también en el campo de la acuicultura, donde su aplicación podría representar una revolución. Así lo argumenta el equipo de especialistas que, liderado por la investigadora Estefanía Paredes, trabaja desde la Estación Científica Marina de Toralla, Ecimat, en la investigación de protocolos de criopreservación bajo los auspicios del proyecto europeo Assemble+. La criopreservación es hoy una de las técnicas más aceptadas y prometedoras para el mantenimiento a largo plazo de material biológico a temperaturas muy bajas, ofreciendo la posibilidad de descongelarlo y hacer que sobreviva a los procesos de congelación y descongelación. La aplicación de estas técnicas para preservar organismos podría tener límites insospechados, especialmente en el futuro, también en el campo de la acuicultura, donde su aplicación podría representar una revolución. Así lo argumenta el equipo de especialistas que, liderado por la investigadora Estefanía Paredes, trabaja desde la Estación de Ciencias Marinas de Toralla, Ecimat, en la investigación de protocolos de criopreservación bajo los auspicios del proyecto europeo Assemble+.

Su trabajo se centra en la conservación de especies comerciales y de interés para la acuicultura de invertebrados marinos en Galicia, especialmente equinodermos y moluscos. El objetivo principal, según explican, es lograr la implementación de este tipo de técnicas en este sector, prioritario en Galicia, para impulsar su desarrollo y aumentar su competitividad. Trabajan con especies que nunca se han utilizado en experimentos de crioconservación, como el mejillón Mytilus galloprovincialis o la almeja Venerupis corrugata.

Técnicas que podrían resolver muchos de los problemas a los que se enfrenta la industria.

La aplicación de técnicas de criopreservación a la acuicultura resolvería muchos de los problemas que actualmente afronta este sector. «Por ejemplo, se podrían obtener ejemplares de una especie determinada en cualquier época del año», explica Pablo Heres, uno de los investigadores del grupo. «Esto sería muy interesante, sobre todo para especies con un ciclo reproductivo estacional. La criopreservación de ejemplares adultos, e incluso de gametos o embriones, permitiría obtenerlos en cualquier momento, según la necesidad o la demanda», subraya Heres. Destacan que esto podría ser muy útil en el comercio de moluscos, como mejillones o almejas, e incluso podría eliminar la imposibilidad de obtener el producto debido a la aparición de mareas rojas o a la escasez en el medio natural. «En definitiva, se obtendría una fuente sostenible de recursos biológicos», recalcan.

Además, explican, se podrían seleccionar individuos que resistan mejor las condiciones del cultivo intensivo o que posean ciertas características de interés, ya sea para aplicaciones en el sector de la investigación biotecnológica o molecular, lo que permitiría obtener descendientes durante un período muy prolongado mediante su criopreservación, extendiendo así su vida útil. «Desde una perspectiva ecológica y conservacionista, la criopreservación podría desempeñar un papel fundamental en la conservación de especies amenazadas, contribuyendo a prevenir su extinción», subraya Heres.

¿Cómo se pueden congelar animales y «revivirlos»?

Al preguntarles cómo se puede congelar y «revivir» a los animales, el equipo de Ecimat explica que esto se logra mediante el uso de sustancias químicas capaces de proteger las células durante todo el proceso, llamadas crioprotectores. «Estos compuestos evitan la formación de cristales de hielo dentro de las células, lo cual podría ser letal», explica el investigador.

La complejidad del desarrollo de un protocolo para la criopreservación de un tipo de células de una especie determinada se caracteriza, según destacan los investigadores, por una serie de etapas cuyo objetivo es establecer las condiciones óptimas para su conservación a temperaturas muy bajas. La primera consiste en seleccionar el crioprotector con mayor efecto protector, ya que no todos los productos químicos tienen el mismo efecto en todas las células, sino que su protección contra la congelación varía según el tipo de célula e incluso entre especies. «Estas diferencias en su función se deben a que el crioprotector debe atravesar la membrana celular para ejercer su función de crioprotección. Dado que las membranas celulares difieren según la función de la célula y el organismo que las compone, el agente crioprotector tiene mayor o menor dificultad para atravesarla», explica Heres. Por otro lado, no solo es necesario elegir la mejor sustancia química para proteger un organismo o célula en particular, sino también su concentración, ya que una concentración excesiva puede resultar letal. Por lo tanto, inicialmente se evalúa su toxicidad determinando el efecto de diferentes concentraciones sobre la supervivencia de células u organismos tras someterlos a experimentos de congelación. Finalmente, se selecciona el crioprotector que ofrece mayor supervivencia y menor toxicidad, subraya el investigador.

Fuente: DUVI

Edificio Filomena Dato
Campus de Vigo
36310 Vigo. Galicia. (Spain)

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