La actividad de los moluscos disminuye la capacidad de secuestro de carbono orgánico de una pradera de pastos marinos submareales (Zostera marina) alrededor de la isla Toralla.

Los humedales costeros (praderas de pastos marinos, marismas y manglares) desempeñan un papel fundamental en los ciclos globales del carbono marino. Si bien podría parecer que las praderas de pastos marinos no tienen una relación directa con el cambio climático, el secuestro de dióxido de carbono en estos ecosistemas a menudo supera la capacidad estimada por superficie de los bosques terrestres, razón por la cual estas plantas son reconocidas como uno de los sumideros de carbono más efectivos de la Tierra. Específicamente, se ha estimado que los sedimentos ubicados bajo las praderas de pastos marinos retienen el 20% del carbono total secuestrado en los sedimentos marinos, con capas de sedimento rico en carbono de más de 10 m de espesor y 6000 años de antigüedad. Además de ser considerados uno de los ecosistemas con mayor capacidad global para capturar y retener carbono, las praderas de pastos marinos brindan servicios ecosistémicos críticos que contribuyen a la mitigación del cambio climático y a la resiliencia de los ecosistemas en entornos costeros, como la estabilización de sedimentos que previene la erosión costera, el reciclaje de nutrientes, la regulación de la calidad del agua, etc., y también constituyen el hábitat de reproducción para larvas y juveniles de muchas especies.

A pesar de su importancia, estos ecosistemas están disminuyendo a nivel mundial a un ritmo alarmante, con una reducción del 30 % de su hábitat desde 1980, principalmente debido al deterioro de la calidad del agua, la acuicultura, las actividades de dragado y otros impactos a gran escala derivados del cambio climático. Esta disminución no solo implica el cese de la captura de carbono, sino que también revierte el papel de las praderas marinas, que pasan de ser sumideros de carbono a fuentes de carbono que se retiene en los sedimentos.

Carlota Barañano Carrión, licenciada en Ciencias Marinas, estudió la pradera de Zostera marina en el lado este de la isla de Toralla (Ría de Vigo) como parte de su proyecto de tesis de máster, con el objetivo de investigar los efectos de la perturbación física causada por la recolección de almejas mediante artes de tracción manual sobre la capacidad de una pradera submarina de Zostera marina para acumular materia orgánica y secuestrar carbono. Para lograr este objetivo, Carlota, bajo la dirección de Emilio Fernández Suárez (investigador del grupo de Oceanografía Biológica del Centro Singular de Investigación Marina de la Universidad de Vigo, CSIM-ECIMAT) y Gonzalo Méndez Martínez (investigador del grupo de Evaluación Ambiental Estratégica de CSIM-ECIMAT), caracterizó la distribución espacial, abundancia y densidad de la pradera de Zostera marina y el contenido de materia orgánica, densidad y distribución granulométrica del sedimento, analizando posteriormente la densidad de carbono y el contenido total de carbono y nitrógeno del sedimento para finalmente comparar las reservas de carbono en áreas expuestas a diferentes grados de alteración física.

Los investigadores observaron que la pradera expuesta a la actividad de recolección de mariscos tenía una menor capacidad para secuestrar carbono, lo que redujo el contenido permanente de carbono en la pradera y la preservación de carbono en los sedimentos asociados. La alteración física resultó en una reducción significativa de la densidad de brotes (63 %) y la biomasa (64 %) en el área afectada en comparación con el área adyacente no afectada por la perturbación, mientras que el contenido de carbono sedimentario se redujo en un 50 %.

Con base en estos resultados, el estudio concluye que la actividad de recolección de mariscos no solo reduce el carbono acumulado durante décadas, sino que también pone en peligro la contribución potencial de las praderas marinas en los años venideros. Por lo tanto, los autores del estudio recomiendan incorporar en los planes de explotación de recursos marinos no solo la sostenibilidad de las poblaciones de bivalvos explotadas, sino también la pérdida de los bienes y servicios que actualmente se encuentran comprometidos por las praderas marinas.

Además de este estudio, estos investigadores, en colaboración con Jesús Souza Troncoso (grupo de Ecología Costera del CSIM-ECIMAT y director de ECIMAT), abordaron el estudio de la capacidad de recolonización de dicha pradera, mediante el seguimiento de la evolución temporal de diversas variables poblacionales de este fanerógamo marino y la estructura de la comunidad de bivalvos asociada durante el periodo de cierre. Este estudio, publicado recientemente en Marine Biology Research (DOI:10.1080/17451000.2017.1307989), concluye que el periodo de cierre establecido para la recuperación de poblaciones de bivalvos explotadas permite la recuperación de los niveles de biomasa y densidad de la pradera en áreas con brotes que sobreviven a dicho impacto, pero provoca una alteración en las características de la población afectada por la perturbación con respecto a la población no afectada.

Edificio Filomena Dato
Campus de Vigo
36310 Vigo. Galicia. (Spain)

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