Una vez que la almeja asiática, Corbicula fluminea, coloniza un hábitat, su erradicación es imposible. Por lo tanto, es en la educación, la sensibilización, la prevención y el control donde la comunidad científica exige atención. Esta especie invasora está presente en Galicia desde 1989, cuando se identificó por primera vez en el río Miño, y actualmente también se puede encontrar en otros ríos, como el Ulla o el Sil. El investigador de la Universidad de Vigo, Noé Ferreira, ha dedicado tres años a analizar su patrón y velocidad de dispersión, así como las características ecológicas que pueden aplicarse en la gestión, prevención y control de esta especie exótica en Galicia. Las conclusiones de su estudio se recogen en su tesis doctoral, dirigida por la catedrática de Ecología Isabel Pardo, dentro del programa de doctorado en Ciencias, Tecnologías y Gestión Marinas (Do*Mar).
Actualmente, esta especie invasora ya ha colonizado los ríos Ulla, Mero, Deva, Sil y entornos aislados como las lagunas de Centeáns, aunque desde 2008 parece haber habido un período de estancamiento en cuanto a su extensión a nuevos ríos, como destaca el investigador.
97 puntos de muestreo en Galicia y Portugal
Para llevar a cabo su estudio, Ferreira estableció un total de 97 estaciones de muestreo en 30 ríos y tres sistemas lagunares, tanto en Galicia (71 puntos en los ríos Anllóns, Avia, Eume, Eo, Ladra, Landro, Lérez, Louro, Masma, Mandeo, Miño, Neira, Sil, Sor, Tambre, Tea, Ulla y Umia y en los sistemas lagunares artificiales de Centeáns, en Porriño) como en el norte de Portugal, donde estableció 26 estaciones. Los resultados confirman la presencia de C. fluminea en el río Miño desde su desembocadura en la Guarda hasta Ribadavia, y muestran que la especie también ha colonizado el río Sil. El investigador explica que más recientemente esta especie invasora ha colonizado nuevas cuencas y, añade, «hoy podemos encontrarla en los ríos Ulla y Mero, donde año tras año ha avanzado aguas arriba hasta el embalse de Cecebre». En el norte de Portugal lo encontraron en los ríos Alva, Duero, Ferro, Limia, Mondego, Rabaçal, Tamega, Tuela y Vouga, así como en las lagunas de Mira y Pateira de Fermentelos.
Los datos de campo recogidos en el estudio de Ferreira muestran una dispersión media río arriba de 3,6 km/año en los ríos Miño, Ulla y Mero. Según explica, estos resultados son similares a los obtenidos en otras cuencas europeas, como la del Elba y la del Rin (2,4 km/año). En la cuenca del Miño-Sil, la almeja asiática colonizó 197 km río arriba de la desembocadura, lo que indica una tasa máxima de dispersión de 9,2 km/año. «Esta colonización de la cuenca alta se produce a pesar de una sucesión de embalses que superan los 25-30 m de altura, lo que solo puede explicarse por la asociación de la especie con actividades humanas, como su uso como cebo para la pesca deportiva», señala.
Estrategias de prevención
Una de las principales vías de entrada de especies acuáticas exóticas de agua dulce se produce a través del agua de lastre de los grandes buques. Para abordar este problema, el intercambio de agua de lastre en alta mar se ha identificado como una herramienta eficaz, pero puede mejorarse aumentando la temperatura en los tanques y, por consiguiente, la tasa metabólica de las especies potencialmente invasoras transportadas. Otra vía de entrada de especies invasoras es el comercio de animales. «Para hacer frente a las invasiones biológicas, una buena prevención es fundamental y, para ello, es necesaria una evaluación del potencial invasor de las especies antes de su comercialización como animales de compañía u ornamentales, además de un esfuerzo conjunto entre las administraciones, las ONG y los diferentes actores involucrados en la dispersión».
Consecuencias de la invasión
Cuando las estrategias de prevención fracasan y se produce la llegada y el establecimiento en el nuevo hábitat, la evaluación del riesgo ambiental permite establecer estrategias de gestión que proporcionen una respuesta rápida a las invasiones biológicas. En este sentido, el trabajo desarrollado permite tener en cuenta factores nunca antes evaluados, como el calcio, en el establecimiento y la dispersión de la almeja asiática.
En su tesis, el investigador también evalúa el impacto que estas especies invasoras tienen sobre otras especies, como los mejillones de agua dulce (naiades), uno de los grupos animales más amenazados del mundo. Uno de estos moluscos nativos, el Unio delphinus, “ha registrado una disminución de hasta el 30% en sus poblaciones en los últimos 30-40 años”. Con la vista puesta en el futuro, y dado que el calentamiento global “es una realidad hoy”, Ferreira también evalúa el impacto de estos invasores en un escenario de calentamiento durante olas de calor cada vez más frecuentes y basándose en las predicciones del IPCC. “Los resultados son preocupantes, ya que la introducción de la almeja asiática disminuye la capacidad de las naiades nativas para superar eventos climáticos extremos como las olas de calor”. Sin embargo, los ecosistemas tienen sus propias estrategias de control biológico sin intervención humana. En este sentido, parte de la comunidad ha adaptado su dieta a este nuevo recurso, aumentando su número en respuesta a la invasión de C. Fluminea. Una de las consecuencias es el aumento de la población de especies como el ostrero (Haematopus ostralegus), un ave zancuda que se alimenta principalmente de moluscos en la ría del Miño.
Pero este nuevo recurso trófico no solo es utilizado por especies nativas, sino que también genera nuevos desafíos para el futuro. La introducción de caracoles marinos exóticos podría plantear un nuevo problema de conservación para las especies nativas de caracol marino debido a un mejor aprovechamiento de este abundante recurso. Sin embargo, mientras que la distribución de la almeja asiática en Galicia está aumentando, otras especies como el mejillón cebra no se han registrado en la comunidad. En este sentido, y aunque de aplicación limitada, los planes actuales para la reintroducción del esturión en Europa podrían representar una herramienta para el control biológico del mejillón cebra, al menos en las primeras etapas de las invasiones.
Fuente: DUVI