Investigadores del CSIM-ECIMAT y de la Universidad Rey Juan Carlos analizan la capacidad de colonización del alga invasora ‘Codium fragile’ en Galicia.

Codium fragile es una de las algas invasoras más dañinas en los sistemas costeros, ya que es capaz de desplazar a las especies nativas en todo el mundo. En el Atlántico nororiental, sus primeros registros datan de principios del siglo XX, pero, sin embargo, esta especie no fue descrita en España hasta 1966, específicamente en el Mar Cantábrico. Su éxito en el proceso de invasión se atribuye principalmente a su amplia tolerancia fisiológica a la temperatura y la salinidad, a los tipos de sustrato y contaminantes, así como a su rápido crecimiento durante el verano, la baja presión de los herbívoros y los diversos modos de reproducción y dispersión, tanto sexuales como vegetativos o partenogenéticos. Sin embargo, en las costas de la Península Ibérica, varios estudios científicos han podido demostrar que la especie nativa, C. tomentosum (a la derecha en la fotografía 1), fue capaz de hacer frente a la especie invasora. Así, para comprender mejor la naturaleza invasora de esta alga, científicos del Centro Singular de Investigación Marina (CSIM-ECIMAT, Universidad de Vigo) y de la Universidad Rey Juan Carlos están desarrollando un estudio sobre un alga que, a pesar de ser originaria de Japón, se encuentra ahora distribuida por todo el mundo. Este estudio forma parte de la tesis doctoral de Ana García, quien actualmente realiza una primera fase experimental en la Estación de Ciencias Marinas de Toralla (ECIMAT) en el marco de un proyecto de investigación en colaboración con la investigadora del grupo EcoCost de la Universidad de Vigo, Celia Olabarría.

Experimento con Codium fragile tomentosumLa investigadora de la Universidad Rey Juan Carlos, Ana García, explica que “en estudios previos realizados por nuestro equipo de investigación, observamos cómo la especie nativa C. tomentosum y la invasora C. fragile (izquierda en la fotografía 1) coexistían a lo largo de las costas del noroeste de la Península Ibérica en la zona intermareal inferior, en áreas que incluían Bifurcaria bifurcata, y en la zona superior donde se encuentran las pozas intermareales”. Sin embargo, en comparación con lo que ocurre en otras regiones, donde se confirmó una dispersión continua de C. fragile, en el noroeste de la península la especie nativa tuvo una mayor área de ocupación y número de nuevos individuos que la especie invasora.

En este escenario, explica García, surge la necesidad de evaluar la competencia entre y dentro de las dos especies. Para ello, los investigadores han propuesto un experimento en dos fases: la primera consiste en un experimento de cultivo en condiciones controladas en el laboratorio, que se está llevando a cabo en ECIMAT (foto 2); y la segunda fase se realizará en el medio natural y consistirá en someter a los individuos obtenidos en el laboratorio a diferentes niveles de estrés, que corresponderán a diferentes alturas de marea y ubicaciones. Ana García comenta que en la primera parte del experimento se están cultivando las dos especies en estudio: C. tomentosum y C. fragile, utilizando diferentes densidades intraespecíficas e interespecíficas. “Hasta el momento, los cultivos se han desarrollado con éxito y, próximamente, será posible abordar la segunda fase del experimento en el medio natural”.

Codium fragile, una especie críptica

En las últimas décadas, el número de invasiones biológicas ha aumentado en los ecosistemas marinos, principalmente en los sistemas costeros, como resultado del agua de lastre y la acuicultura. La comunidad científica indica que los principales impactos ecológicos de estas especies invasoras son la competencia con las especies nativas por los recursos; el desplazamiento o la desaparición de especies nativas, la reducción de la biodiversidad e incluso la causación de extinciones locales; y cambios en la estructura de la comunidad, las cadenas tróficas y los ciclos de nutrientes. Las especies invasoras se caracterizan por poseer una serie de características que les permiten adaptarse mejor al nuevo entorno, como la reproducción vegetativa, el gran tamaño, los ciclos de crecimiento rápidos y una amplia tolerancia a los factores ambientales. Sin embargo, el investigador recuerda que «el número de especies invasoras puede estar subestimado por la presencia de especies crípticas», aquellas que son morfológicamente indistinguibles de las nativas. La especie C. fragile es un ejemplo de esta situación, ya que es «morfológicamente idéntica a las especies nativas C. tomentosum y C. vermilara».

Especies invasoras y cambio climático

El aumento en el número y distribución de especies exóticas está estrechamente vinculado al proceso de cambio climático, ya que el papel del clima en la distribución de especies es fundamental y el aumento de las temperaturas como resultado del cambio global favorece la aparición, establecimiento y dispersión de especies exóticas, que pueden ser potencialmente invasoras, si son capaces de desplazar a las especies nativas. García explica que en este escenario de cambio climático “numerosos trabajos han observado contracciones y expansiones en la distribución de especies y, en nuestras costas, podemos encontrar algunos ejemplos como el caso de especies con afinidad por aguas cálidas como Fucus serratus o Zostera noltii, que están en una fase de retracción, mientras que otras de aguas cálidas, como C. fragile, están en una fase de expansión. “Ambas casuísticas juntas, especies invasoras y cambio climático, son dos de las mayores amenazas para la biodiversidad, ya que en este escenario, las especies originarias de regiones cálidas pueden aumentar numérica y espacialmente, generando grandes poblaciones, que se extenderán sobre grandes áreas. Además, este calentamiento puede prolongar la duración de las introducciones iniciales ocasionales debido, por un lado, al aumento de la frecuencia de los procesos de invasión y, por otro, al aumento de los hábitats adecuados.

Edificio Filomena Dato
Campus de Vigo
36310 Vigo. Galicia. (Spain)

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