Plásticos, latas, madera, electrodomésticos, bolsas, redes… en los océanos abundan todo tipo de residuos, principalmente producto de la actividad humana. Además de la legislación y las labores de prevención y educación ambiental que impiden que el mar se convierta en un vertedero, la limpieza de estos desechos requiere tecnologías que permitan la localización, tipificación y caracterización detalladas de los residuos en las zonas costeras. Con este objetivo y mediante la combinación del conocimiento de investigadores, empresas y la sociedad civil, nació el proyecto LitterDrone, seleccionado en la convocatoria europea BlueLabs, que se presentó este jueves en la EE de Telecomunicaciones. La iniciativa está liderada por el Grupo de Procesamiento de Imágenes y Realidad Virtual (GPI-RV) y cuenta con la participación del grupo I-markt, también de la Universidad de Vigo, junto con la empresa de material topográfico Grafinta y la Asociación Española de Residuos Marinos. El objetivo de LitterDrone es, como explica el profesor Fernando Martín, coordinador del proyecto e investigador del GPI-RV, “aplicar las tecnologías de vehículos aéreos no tripulados o drones para obtener imágenes que posteriormente se procesarán para la detección de posibles residuos presentes en playas u otras zonas costeras”. Se trataría, señala, de “saber dónde hay residuos y de qué tipo para ayudar al personal encargado de la limpieza”.
La participación de los estudiantes para convertir el proyecto en un producto comercializable.
El proyecto tiene una duración de dos años y un presupuesto total de 392.657 €, de los cuales la Unión Europea aporta 312.998 €. Las características de la convocatoria BlueLabs, promovida por la Agencia Ejecutiva para las Pequeñas y Medianas Empresas (EASME) y financiada por el Fondo Europeo Marítimo y de Pesca, determinan en gran medida la iniciativa. El proyecto debe ser desarrollado por estudiantes bajo la supervisión de investigadores y representantes de empresas y, una vez finalizado el periodo de ejecución, debe generarse un producto o servicio que llegue al mercado. El objetivo de esta convocatoria es apoyar la economía azul, relacionada con el medio marino europeo, mediante proyectos innovadores y multidisciplinares con capacidad para convertirse en un producto tangible que pueda satisfacer las necesidades y demandas de la sociedad.
Esta sinergia entre diferentes grupos de I+D, empresas y la sociedad fue resaltada por el rector de la Universidad, Salustiano Mato, durante la ceremonia de presentación, destacando la importancia de este tipo de consorcios para el éxito en convocatorias de competencia internacional. Recordó también que, en esta ocasión, se presentaron 50 propuestas de toda Europa, de las cuales se seleccionaron cuatro, tres de ellas con la participación de la Universidad de Vigo. Junto con LitterDrone, liderada por Vigo, también fueron seleccionadas SpilLess y Amalia, en las que participan dos grupos de Ciencias Marinas. De hecho, la profesora del grupo GEOMA, Ana Bernabéu, presentó durante la conferencia las características de SpilLess, un innovador «laboratorio» para desarrollar soluciones nuevas y viables en la gestión de la contaminación marina, en particular, los vertidos de petróleo. Para el rector, «esta es la forma de trabajar y construir el futuro, integrando y combinando capacidades, que es lo que entendemos por cooperación inteligente». El director de la EE de Telecomunicaciones, Íñigo Cuiñas, también hizo hincapié en este punto y destacó la importancia de la convergencia de los ámbitos tecnológico y científico, «ámbitos que a menudo están distantes», para trabajar por la salud del planeta.
Desarrollo de proyectos
Pilar Zorzo, de la Asociación Española de Residuos Marinos, se encargó de presentar el proyecto, que surge de la lucha por lograr un mar libre de residuos, entendiendo estos como residuos sólidos y manufacturados que acaban en zonas costeras, es decir, «resultado de la actividad humana». Explicó que la clave de este proceso reside en «conocer qué son, las cantidades de cada uno y dónde se encuentran», no solo para proceder a su retirada, sino también para conocer su origen y emprender medidas de gestión que prevengan su generación. La clave está en la «caracterización de los residuos» y, con este proyecto, el objetivo será monitorizarlos de forma automatizada, para lo cual se utilizarán drones equipados con cámaras digitales. Esta parte la llevará a cabo la empresa Grafinta, que realizará varias fases de prueba en Huete (Madrid) y en las Islas Cíes. Estos vuelos servirán para probar y seleccionar el tipo de aeronave y cámara que se utilizará en la segunda fase. Los expertos probarán una aeronave de ala fija que volará a 100 metros de altura, evaluando la efectividad de una cámara visible, una cámara multiespectral y una cámara térmica. La prueba se repetirá con una aeronave multirrotor que tomará imágenes entre 10 y 15 metros de altura. Con base en los datos obtenidos, se decidirá qué cámara y qué dron utilizar en la segunda parte del proyecto. Las imágenes obtenidas a partir de ese momento se enviarán al grupo de Procesamiento de Imágenes y Realidad Virtual, que diseñará un software capaz de identificar objetos extraños en las imágenes y caracterizar qué tipo de desechos son “a partir de los diferentes componentes espectrales (longitudes de onda) de la luz que se reflejan en cada tipo de basura”, explica Fernando Martín. Esta tarea se basará en la extracción de características, la conversión de los datos y vectores numéricos que luego permitirán el desarrollo de un sistema capaz de aprender los diferentes tipos de desechos marinos y clasificarlos. Al mismo tiempo, los investigadores también intentarán obtener «una imagen global y gigantesca de todas las áreas de muestreo, combinando la información de todas las imágenes en términos de altura, ubicación, ángulo de visión, etc.»
El resultado final «debería ser una o varias herramientas de software que permitan la detección de diferentes tipos de residuos: plástico, hidrocarburos…» y es en esta última parte donde se involucraría el grupo I-markt, que llevará a cabo un estudio de los posibles servicios y/o modelos de negocio que puedan surgir para explotar la tecnología desarrollada, como destaca la investigadora Carmen Otero.
Los investigadores prevén que la fase de desarrollo de las aplicaciones definitivas comience este verano y la fase de validación y autorización un año después, en julio de 2018, concluyendo el proyecto con la fase de comercialización en enero de 2019.
Fuente: DUVI