En busca de los secretos del tumor más antiguo del mundo.

El tumor más antiguo del mundo tiene 11.000 años y afecta a perros de todo el planeta. Para sobrevivir durante tanto tiempo, oculta un secreto: es un cáncer transmisible, es decir, se transmite de un individuo a otro, pero no por herencia ni por virus. En el caso de este tumor en particular, se transmite sexualmente, de un perro a otro. Los cánceres transmisibles son raros, especialmente en humanos, pero «tremendamente interesantes», explica el científico José Tubío, y por eso decidió orientar su carrera investigadora al estudio de las características de esta enfermedad en diferentes especies. El Mineco le acaba de conceder una beca de 177.000 euros a través del Programa Estatal de Fomento de la I+D+i de Excelencia para investigar este tumor milenario durante los próximos tres años.
Especializado en genómica del cáncer, Tubío destaca que los cánceres transmisibles en humanos son esporádicos y tienen un origen artificial, como un trasplante de órganos enfermos o una transfusión de sangre con leucemia, por ejemplo. En el caso de los animales, ocurre de forma natural y es un campo de estudio muy interesante.

Antes de llegar a la Universidad de Vigo en 2016, el científico gallego estudiaba en Cambridge el cáncer transmisible que afecta al demonio de Tasmania, que amenaza seriamente la supervivencia de la especie. «El tumor afecta la cara y la boca y, como son animales muy agresivos, transmiten la enfermedad mordiéndose estas partes durante las peleas», explica y recuerda que este cáncer es reciente, «solo se ha registrado en 30 años». El otro caso más conocido de cáncer transmisible es el de los perros, que, a diferencia del de los demonios de Tasmania, es el más antiguo del mundo. «Se originó hace unos 11.000 años, cuando los perros no eran animales domésticos y se parecían más a los lobos», señala Tubío, quien añade que se estima que en ese momento posiblemente vivían en la zona de Mongolia. «Este tumor es mucho más interesante porque tiene una distribución global, se encuentra en todo el planeta y afecta a todas las razas de perros», y señala que es un cáncer que afecta la zona genital y se transmite a través de células cancerosas durante las relaciones sexuales.

La importancia de los elementos transponibles

La datación de este cáncer se realizó mediante un estudio evolutivo en el que participó el propio investigador y que se publicó hace dos años en la revista Science. Se recolectaron 1000 muestras de todo el mundo y se seleccionaron dos de regiones muy diferentes: Brasil y Australia. Su genoma se secuenció mediante metodologías de datación evolutiva basadas en los cambios genómicos de ambos cánceres, lo que permitió estimar su origen y datarlo en 11 000 años atrás.

El genetista destaca que “la única forma de que un cáncer sobreviva tanto tiempo es que se transmita de un individuo a otro; de lo contrario, moriría con la muerte del paciente, que es lo que ocurre en la especie humana”. En este sentido, señala que el estudio se centrará en analizar el comportamiento de los elementos transponibles, “secuencias de ADN que tienen la capacidad de moverse, de saltar de un lado a otro”. Como explica el científico, en una célula normal los elementos transponibles son estacionarios, pero cuando la célula se vuelve cancerosa, “estos elementos comienzan a saltar y provocan mutaciones que creemos que pueden ser importantes en el origen o la evolución del cáncer en humanos”.

Profundizar en este campo permitirá, según Tubío, descubrir cómo sería la relación entre el cáncer y el paciente a lo largo de un extenso periodo de evolución. «Surgen preguntas sobre el cáncer en humanos que no podemos responder a menos que estudiemos este tipo de cáncer transmisible y, para ello, contamos con un excelente modelo en este cáncer en perros, con 11.000 años de vida», ya que estas secuencias transponibles son muy similares a las de los humanos. Explica que «las secuencias, cuando se movilizan, son perjudiciales para nosotros, pero para el cáncer pueden ser beneficiosas, puesto que cuanto más muta, más asegura su supervivencia; las necesita para crecer y evolucionar». Esto ocurre «hasta cierto límite», porque estas mutaciones pueden acabar matando al cáncer, de ahí su importancia para el estudio del cáncer humano. «Para mantenerse durante tanto tiempo, creemos que se tuvo que alcanzar un equilibrio en el que los elementos transponibles tuvieron que reducir su agresividad, y no observamos este equilibrio entre los elementos transponibles y el cáncer en los humanos, pero sí puede darse en un cáncer de 11.000 años de antigüedad», enfatizando que conocer ese punto intermedio puede ayudar a obtener un modelo de ese equilibrio en un cáncer humano si pudiera sobrevivir tanto tiempo.

Cánceres transmisibles en animales marinos

Este estudio, que se desarrollará durante los próximos tres años, avanzará en paralelo con otras líneas de investigación, centradas principalmente en el ámbito marino. «Mi principal línea de trabajo en los próximos años será el cáncer transmisible en animales marinos, una línea en la que quiero especializarme y que me servirá para diferenciarme del resto de los investigadores». Destaca que, mientras que en otros estudios depende de muestras que deben ser proporcionadas por otras universidades e instituciones, en el caso de los animales marinos la Universidad de Vigo dispone de instalaciones que le permitirán desarrollar el proyecto íntegramente en Vigo, «y esa es una de las razones por las que vine a Vigo», concluye. De hecho, esta nueva línea es su apuesta para la convocatoria ERC Starting Grant, que se resolverá durante el verano y en la que figura entre los finalistas de esta prestigiosa beca europea.

Edificio Filomena Dato
Campus de Vigo
36310 Vigo. Galicia. (Spain)

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